Aún sigo adorando las noches aunque tu ausencia las haga más frías. No es fácil entenderme, y me es tan comprensible tu situación, tu indecisión, que hasta siento compasión. Los recuerdos que traes con tu besos quedan tan solo en eso, recuerdos. En mi memoria te busco y mientras anhelo encontrarme, te veo arrinconada mirándome. Te tengo una sorpresa, dices sonriendo, mostrándome un ramo de flores que nunca llegó a mi puerta. La emoción se apodera, tarde, pero llega. Me importas tanto aunque no lo admita y es que no tengo la culpa de pensarte, no tengo la culpa de quererte, de amarte. Bésame despacio y llévame en tus brazos que no sabes lo que dolió tu ausencia; lo que fueron mis noches tan llenas de recuerdos eternos donde mi cuerpo apenas sentía la suavidad de tus caricias y el aroma de tu piel que me derretía.