No voy a negar de que la extraño
que pasan los días
y deseo saber de ella,
pasan las horas
y anhelo escuchar
su sonrisa,
las ocurrencias de una mujer
que deja aflorar a su niña interior,
momentos maravillosos
que me sabe compartir
y que yo sé escuchar.
Pero no sólo la quiero en sus días buenos,
también en su oscuridad
donde se carga tanto,
esos dias en que me cuenta sus temores,
tan nerviosa y ansiosa,
así es ella,
la flor de su inocencia,
típica de la adolescencia,
da paso a una frialdad
que congela su alma,
allí, en aquella emoción privada,
yo más que nunca besaría su pecho;
el tiempo no perdona,
es de madrugada y nuevamente,
tú no estás aquí.
Me pregunto si lo que compartimos permanecerá en mí con el paso del tiempo. Sí, te entiendo, de solo mencionarlo es para que me mandes al carajo lo sé, lo sé. Supongo es mi manera de defenderme, escudo que se crea tras recibir tiernos besos de tu parte, no, no es que yo desee apartarte, bien sabes que podría permanecer aferrada a tu pecho, volver todos los dias a tus besos, acariciar profundamente tu ser llenándote toda de mí. Y es que yo me quedaría allí en tu mirada, posiblemente me equivoque pero tus ojos me dicen que es mutuo; sin embargo, aquí me encuentro mientras la distancia física nos separa. Cierro mis ojos y araño el sentimiento en silencio, a oscuras te recuerdo, te encuentro y te siento, palabras que alimentan mi voluntad por quererte. Naturaleza humana, supongo o dime qué puedo decirle a mi corazón esta noche, mientras observo las huellas que tus besos han marcad...
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