Posiblemente, mi gran error
fue desnudar el alma
con la persona equivocada.
O quizás no,
escribirle estas líneas
tal vez lo sea,
después de todo ya nada me une a ella
salvo el deseo profundo
por aprender su maestría
si de olvidar personas se trata.
A esta hora deberíamos estar juntas recostadas de lado, mis labios reencontrándose con tu espalda y el aroma de tu cuerpo invitándome a sentir la calidez de tu existir. Dulce sensación en mis manos, un movimiento que modifica su velocidad ante la voz entrecortada, la respiración acelerada, el latir de tu pecho, la vibración del cuerpo. Así deberíamos estar juntas, mientras entre gemidos mi nombre es pronunciado, allí, donde los cuerpos estorban beso tu alma y te proclamas mía, allí, tras una sonrisa cómplice me confieso tuya, en tus labios que eché tanto de menos, en el amor que siento por ti, cuando simplemente somos y nada más importa. A esta hora, en que no hay mayor anhelo que expresarte el sentimiento, me quedo en silencio, mientras envidio a todo aquel que puede descansar al lado del ser querido.
Comentarios
Publicar un comentario