Ojalá pudieras entender, cariño mío
que muchas veces,
en mi temor a perderte
las ansias me ganan,
la desesperación me puede
y las palabras se me enredan.
Sí, la tristeza me domina,
una lágrima se desliza,
te parecerá increíble,
posiblemente, algo nuevo
y está perfecto, sabes
porque ninguna es dueña
de lo correcto,
son percepciones,
excepciones,
cortesía.
Mira hacia dentro, cariño
en lo profundo y verás que no te miento,
sólo sé darme toda,
más aún contigo,
dueña de lo más sincero y real,
del presente,
del deseo por protegerte,
incluso cuando sé, perfectamente,
que sabes cuidarte.
Pero así soy
y me temo no podré cambiarlo,
porque en mi pecho habita un fuego inmenso
que sólo sabe arder a tu lado,
cálido corazón que te quiere
y piensa todo el tiempo,
especialmente, en noches como esta,
donde no logro comprender
como mi ausencia
te resulta más atractiva de compañía.
A esta hora deberíamos estar juntas recostadas de lado, mis labios reencontrándose con tu espalda y el aroma de tu cuerpo invitándome a sentir la calidez de tu existir. Dulce sensación en mis manos, un movimiento que modifica su velocidad ante la voz entrecortada, la respiración acelerada, el latir de tu pecho, la vibración del cuerpo. Así deberíamos estar juntas, mientras entre gemidos mi nombre es pronunciado, allí, donde los cuerpos estorban beso tu alma y te proclamas mía, allí, tras una sonrisa cómplice me confieso tuya, en tus labios que eché tanto de menos, en el amor que siento por ti, cuando simplemente somos y nada más importa. A esta hora, en que no hay mayor anhelo que expresarte el sentimiento, me quedo en silencio, mientras envidio a todo aquel que puede descansar al lado del ser querido.
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