Sé que a esta hora descansas,
kilómetros de distancia
entre nuestros cuerpos;
sin embargo,
el anhelo por abrazarte
se incrementa con el paso del tiempo.
Ahora solo me acompaña
el fuerte deseo por recostarme a tu lado,
susurrarte al oído que me tienes en tus manos,
mientras la noche fría se hace presente,
a ti te digo
búscame en tus labios,
donde dulcemente
supiste quitarme el aliento.
Ahora no preciso nada
si puedo reposar en tu pecho,
si tu mirada me encuentra
para luego dibujar
una sonrisa en tu rostro,
cosas sencillas que me devuelven la calma,
renuevan la confianza.
Se va haciendo tarde,
mientras en mi cama
intento apaciguar el sentir del corazón,
búscame en tus labios, te lo pido,
que yo me aferro al deseo por verte
así sea en sueños,
al abrazo inesperado,
besos cálidos que reconfortan mi alma
pequeños detalles que, tiernamente,
de vez en cuando,
tú me sabes regalar.
A esta hora deberíamos estar juntas recostadas de lado, mis labios reencontrándose con tu espalda y el aroma de tu cuerpo invitándome a sentir la calidez de tu existir. Dulce sensación en mis manos, un movimiento que modifica su velocidad ante la voz entrecortada, la respiración acelerada, el latir de tu pecho, la vibración del cuerpo. Así deberíamos estar juntas, mientras entre gemidos mi nombre es pronunciado, allí, donde los cuerpos estorban beso tu alma y te proclamas mía, allí, tras una sonrisa cómplice me confieso tuya, en tus labios que eché tanto de menos, en el amor que siento por ti, cuando simplemente somos y nada más importa. A esta hora, en que no hay mayor anhelo que expresarte el sentimiento, me quedo en silencio, mientras envidio a todo aquel que puede descansar al lado del ser querido.
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