Entonces apoyo mi cabeza
en su hombro
y el suave aroma
de su perfume me atrapa
puedo permanecer allí siempre,
a su lado, pienso.
Así voy fluyendo
y se me escapan los sentimientos,
inevitable como la sonrisa
dibujada en su rostro
tras el beso esperado
que alimenta el alma
y transmite calma.
Saben, todo está en orden
cuando está a mi lado,
todo se siente correcto
cuando se aferra a mi brazo
en la caminata nocturna
que resulta un buen preludio
para el dulce anochecer
que ella y yo anhelamos.
A esta hora deberíamos estar juntas recostadas de lado, mis labios reencontrándose con tu espalda y el aroma de tu cuerpo invitándome a sentir la calidez de tu existir. Dulce sensación en mis manos, un movimiento que modifica su velocidad ante la voz entrecortada, la respiración acelerada, el latir de tu pecho, la vibración del cuerpo. Así deberíamos estar juntas, mientras entre gemidos mi nombre es pronunciado, allí, donde los cuerpos estorban beso tu alma y te proclamas mía, allí, tras una sonrisa cómplice me confieso tuya, en tus labios que eché tanto de menos, en el amor que siento por ti, cuando simplemente somos y nada más importa. A esta hora, en que no hay mayor anhelo que expresarte el sentimiento, me quedo en silencio, mientras envidio a todo aquel que puede descansar al lado del ser querido.
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