Habíamos sido tan felices. Mientras vuelvo a casa sentada en el bus miro por la ventana y recuerdo el momento exacto en que besé sus labios tan lejano ahora y; sin embargo, pude sentirlo tan real como aquel instante. Lluvia que esta noche me acompaña, mis mejillas también están mojadas y mi mente vuelve al tiempo en que ella me sorprendía con un beso, aquellos segundos en los que nada más importaba, instantes en que éramos ella y yo, tan felices caminando bajo la luz de la Luna. Sus abrazos y caricias, su cuerpo delgado y hermosamente formado ella siempre fue más que eso, me enamoré de su forma de ser, de sus sueños e ideas de sus temores y aspiraciones de la consecuencia de sus actos, especialmente, cuando se aceptaba imperfecta, porque era entonces única y valiente, tan perfecta proclamándose humana que era feliz confiando mi vida al cuidado de sus manos. Cautivada por el afecto entregado ...