Sin querer aceptarlo
me doy cuenta
que nuevamente
se están construyendo
unos muros firmes
alrededor de mi corazón.
Lo sé, lo siento dentro de mí,
hay un sentimiento inmenso hacia ti,
es innegable,
pero tampoco puedo ocultar
la tristeza que se apoderó de mi alma
tras tus palabras.
Momento inesperado que sacudió mi mundo,
me arrebató la calma, sabes,
se llevó la ternura
que me habías obsequiado
con cada encuentro,
en cada beso,
en las caminatas nocturnas
donde el hecho de vernos
ya era el mejor plan... hoy ya no están.
Me quedo en cama anhelando tus abrazos,
deseando acariciar tu rostro
y que con tu presencia
ahuyentes mis temores
como supiste hacerlo cuando nos conocimos,
cuando coincidimos
y estar juntas era el mejor plan,
lo deseo con todo el alma,
déjate querer, te digo al oído
no te rindas, cariño
que yo no lo he hecho... aún.
A esta hora deberíamos estar juntas recostadas de lado, mis labios reencontrándose con tu espalda y el aroma de tu cuerpo invitándome a sentir la calidez de tu existir. Dulce sensación en mis manos, un movimiento que modifica su velocidad ante la voz entrecortada, la respiración acelerada, el latir de tu pecho, la vibración del cuerpo. Así deberíamos estar juntas, mientras entre gemidos mi nombre es pronunciado, allí, donde los cuerpos estorban beso tu alma y te proclamas mía, allí, tras una sonrisa cómplice me confieso tuya, en tus labios que eché tanto de menos, en el amor que siento por ti, cuando simplemente somos y nada más importa. A esta hora, en que no hay mayor anhelo que expresarte el sentimiento, me quedo en silencio, mientras envidio a todo aquel que puede descansar al lado del ser querido.
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