Tan especial y única,
lo repetiría mil veces
y aún así,
no lograría expresar con precisión
lo que ella significa para mí.
Delicada y atenta cuando quiere
el mundo es mío cuando
sabe darse toda
y me envuelve en su pecho,
entonces yo me siento
la mujer más afortunada
por tenerla en mi vida,
día a día, el sueño recurrente.
Tan profundo ha calado
que deseo demostrarle
el sentimiento siempre,
pero me detienes y te detienes...
Reconozco que es precisamente allí
que no sé cómo actuar
ante la brusquedad del cambio,
una distancia que vas creando
cuando más felices somos,
una suerte de mecanismo de defensa
y cuestiono mi actuar
al punto de preguntarme si en algo te fallé.
Apenas me miras
como si no quisieras que descubra
el gran secreto de tus ojos,
aquél que sabes entregarme
cuando, a solas,
besas mi rostro
y tu cuerpo se hace uno con el mío.
A esta hora deberíamos estar juntas recostadas de lado, mis labios reencontrándose con tu espalda y el aroma de tu cuerpo invitándome a sentir la calidez de tu existir. Dulce sensación en mis manos, un movimiento que modifica su velocidad ante la voz entrecortada, la respiración acelerada, el latir de tu pecho, la vibración del cuerpo. Así deberíamos estar juntas, mientras entre gemidos mi nombre es pronunciado, allí, donde los cuerpos estorban beso tu alma y te proclamas mía, allí, tras una sonrisa cómplice me confieso tuya, en tus labios que eché tanto de menos, en el amor que siento por ti, cuando simplemente somos y nada más importa. A esta hora, en que no hay mayor anhelo que expresarte el sentimiento, me quedo en silencio, mientras envidio a todo aquel que puede descansar al lado del ser querido.
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