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Perfecta imperfecta

Habíamos sido tan felices.
Mientras vuelvo a casa
sentada en el bus
miro por la ventana
y recuerdo el momento exacto
en que besé sus labios
tan lejano ahora y; sin embargo,
pude sentirlo tan real
como aquel instante.
Lluvia que esta noche me acompaña,
mis mejillas también están mojadas
y mi mente vuelve al tiempo
en que ella me sorprendía con un beso,
aquellos segundos
en los que nada más importaba,
instantes en que éramos ella y yo,
tan felices
caminando bajo la luz de la Luna.
Sus abrazos y caricias,
su cuerpo delgado
y hermosamente formado
ella siempre fue más que eso,
me enamoré de su forma de ser,
de sus sueños e ideas
de sus temores y aspiraciones
de la consecuencia de sus actos,
especialmente,
cuando se aceptaba imperfecta,
porque era entonces única y valiente,
tan perfecta proclamándose humana
que era feliz confiando mi vida
al cuidado de sus manos.
Cautivada por el afecto entregado
me sentí tan suya entre sus brazos,
en noches aquellas donde estoy segura
la amé con todo mi corazón
en noches aquellas en que sé
encontró la felicidad a mi lado.

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