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El tiempo no perdona

No voy a negar de que la extraño
que pasan los días
y deseo saber de ella,
pasan las horas
y anhelo escuchar
su sonrisa,
las ocurrencias de una mujer
que deja aflorar a su niña interior,
momentos maravillosos
que me sabe compartir
y que yo sé escuchar.
Pero no sólo la quiero en sus días buenos,
también en su oscuridad
donde se carga tanto,
esos dias en que me cuenta sus temores,
tan nerviosa y ansiosa,
así es ella,
la flor de su inocencia,
típica de la adolescencia,
da paso a una frialdad
que congela su alma,
allí, en aquella emoción privada,
yo más que nunca besaría su pecho;
el tiempo no perdona,
es de madrugada y nuevamente,
tú no estás aquí.

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