De súbito apareció en mi mente
todo un poema para escribirte,
sin darme cuenta,
me encontraba frente a ti
recitándolo tímidamente,
apenas te miraba
porque ya sabes como me comporto
cuando me sonrojo
o los hoyuelos que se forman
en mis mejillas
cuando me sacas una sonrisa.
Instante perfecto
para reposar mi cabeza en tus piernas
mientras te confieso
que no logro escapar de una pesadilla,
va acabando con mi paz, sabes,
enferma el corazón a pasos agigantados
y toda mi experiencia
no es capaz de hacerle frente
a la soledad que habita en mi pecho,
por eso te pido, cariño
que esta noche dejes de lado los miedos
y te acuestes aquí conmigo,
no vaya a ser que el mal sueño recurrente
que significa tu partida
termine alcanzándome
y siendo parte de mi día a día.
A esta hora deberíamos estar juntas recostadas de lado, mis labios reencontrándose con tu espalda y el aroma de tu cuerpo invitándome a sentir la calidez de tu existir. Dulce sensación en mis manos, un movimiento que modifica su velocidad ante la voz entrecortada, la respiración acelerada, el latir de tu pecho, la vibración del cuerpo. Así deberíamos estar juntas, mientras entre gemidos mi nombre es pronunciado, allí, donde los cuerpos estorban beso tu alma y te proclamas mía, allí, tras una sonrisa cómplice me confieso tuya, en tus labios que eché tanto de menos, en el amor que siento por ti, cuando simplemente somos y nada más importa. A esta hora, en que no hay mayor anhelo que expresarte el sentimiento, me quedo en silencio, mientras envidio a todo aquel que puede descansar al lado del ser querido.
Comentarios
Publicar un comentario