Que terrible es la sensación
de querer expresarte tanto
y tener que callarlo, reprimirlo,
ocultarlo como si fuera un pecado,
un delito a los ojos de terceros.
No logro comprender
como este querer genere en ti temores
aquellos que dan espacio a los prejuicios
al punto de tener que callar un sentimiento.
Acaso hay algo peor
que actuar de manera indiferente
o a escondidas
para evitar que la gente hable.
Déjalos que comenten
si tú sabes quién eres,
yo sé quién soy,
entiende que aquello no me define
ni mueve mi corazón,
mas sí las acciones
la lealtad, la bondad, el respeto,
lo demás es tóxico
así como querer encajar
para evitar el que dirán los demás.
A esta hora deberíamos estar juntas recostadas de lado, mis labios reencontrándose con tu espalda y el aroma de tu cuerpo invitándome a sentir la calidez de tu existir. Dulce sensación en mis manos, un movimiento que modifica su velocidad ante la voz entrecortada, la respiración acelerada, el latir de tu pecho, la vibración del cuerpo. Así deberíamos estar juntas, mientras entre gemidos mi nombre es pronunciado, allí, donde los cuerpos estorban beso tu alma y te proclamas mía, allí, tras una sonrisa cómplice me confieso tuya, en tus labios que eché tanto de menos, en el amor que siento por ti, cuando simplemente somos y nada más importa. A esta hora, en que no hay mayor anhelo que expresarte el sentimiento, me quedo en silencio, mientras envidio a todo aquel que puede descansar al lado del ser querido.
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