¿Y si nos damos permiso
para rompernos y llorar?
Suena una canción que me acompañó
a escribir un par de poemas
hace unos meses,
eran otros tiempos,
otro el sentimiento
y, me atrevería a decir, otra Pamela.
Esta vez desgarra el alma
que solía albergar la más grande ilusión,
posiblemente porque hay afecto,
porque permaneces en mi pecho,
coincidencia que suene este tema
en estos momentos,
hay ciclos que deben cerrarse, me dicen,
mientras nuestros momentos
se me muestran como una película.
¿Y si me doy el permiso
de romperme y llorar?
Esta vez ya no en tu pecho,
esta vez no, aunque permanezca
el sentimiento.
A esta hora deberíamos estar juntas recostadas de lado, mis labios reencontrándose con tu espalda y el aroma de tu cuerpo invitándome a sentir la calidez de tu existir. Dulce sensación en mis manos, un movimiento que modifica su velocidad ante la voz entrecortada, la respiración acelerada, el latir de tu pecho, la vibración del cuerpo. Así deberíamos estar juntas, mientras entre gemidos mi nombre es pronunciado, allí, donde los cuerpos estorban beso tu alma y te proclamas mía, allí, tras una sonrisa cómplice me confieso tuya, en tus labios que eché tanto de menos, en el amor que siento por ti, cuando simplemente somos y nada más importa. A esta hora, en que no hay mayor anhelo que expresarte el sentimiento, me quedo en silencio, mientras envidio a todo aquel que puede descansar al lado del ser querido.
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