No voy a pasarme de lista
y negaré que te extraño,
lo hago, pero qué exactamente.
Podría detenerme en tus besos
y en la tierna forma que tienes
para acariciar mi rostro
pero no es precisamente lo que echo de menos.
Me gustaba escucharte, sabes
sentirte libre mientras me contabas
tus sueños y miedos,
incluso tu día a día,
yo adoraba que me sorprendieras
con un mensaje o una llamada
un deseo constante por conectarnos
por mantener el vínculo,
en dónde quedaron esos días,
me lo pregunto,
no hay instante en que no los eche de menos,
más allá de la bella conexión
que me permitió entregarme
como nunca antes lo había hecho.
A esta hora deberíamos estar juntas recostadas de lado, mis labios reencontrándose con tu espalda y el aroma de tu cuerpo invitándome a sentir la calidez de tu existir. Dulce sensación en mis manos, un movimiento que modifica su velocidad ante la voz entrecortada, la respiración acelerada, el latir de tu pecho, la vibración del cuerpo. Así deberíamos estar juntas, mientras entre gemidos mi nombre es pronunciado, allí, donde los cuerpos estorban beso tu alma y te proclamas mía, allí, tras una sonrisa cómplice me confieso tuya, en tus labios que eché tanto de menos, en el amor que siento por ti, cuando simplemente somos y nada más importa. A esta hora, en que no hay mayor anhelo que expresarte el sentimiento, me quedo en silencio, mientras envidio a todo aquel que puede descansar al lado del ser querido.
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