Hola,
me encantaría llamarte
y decirte aquella palabra,
tan solo para empezar,
tan solo para saber de ti.
Es más complicado de lo que debería,
lo sabemos,
no te negaré que quisiera llorar en tu pecho,
sentirte en un abrazo,
y que en un susurro
me dijeras que todo fue un mal sueño.
Te extraño a cada momento
y deseo llamarte;
sin embargo, hay lecciones que aprender.
No diré que no cometí errores contigo,
porque sí lo hice,
lo reconozco, pero tampoco dejaré de aceptar
que toleré incluso lo intolerable.
Es casi verano y la gente sonríe,
y yo solo espero, cariño
que este sol te llene de vida
que cumplas todos tus sueños
y de paso, en mí se prenda
la llama de la esperanza.
A esta hora deberíamos estar juntas recostadas de lado, mis labios reencontrándose con tu espalda y el aroma de tu cuerpo invitándome a sentir la calidez de tu existir. Dulce sensación en mis manos, un movimiento que modifica su velocidad ante la voz entrecortada, la respiración acelerada, el latir de tu pecho, la vibración del cuerpo. Así deberíamos estar juntas, mientras entre gemidos mi nombre es pronunciado, allí, donde los cuerpos estorban beso tu alma y te proclamas mía, allí, tras una sonrisa cómplice me confieso tuya, en tus labios que eché tanto de menos, en el amor que siento por ti, cuando simplemente somos y nada más importa. A esta hora, en que no hay mayor anhelo que expresarte el sentimiento, me quedo en silencio, mientras envidio a todo aquel que puede descansar al lado del ser querido.
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